Necesitamos volver a la Fuente de la Naturaleza para serenar la mente, el cuerpo y el corazón.
Respirar el aire limpio y sentir el viento en el cuerpo.
Sumergir los pies en el agua cristalina y siempre cambiante del río de montaña.
Asistir a los pájaros en sus cantos incesantes, surcando el cielo en bandadas.
Sentarse sobre la tierra y apoyar la espalda exhausta en el tronco de un árbol.
Mirar hacia arriba y sólo ver hojas, ramas, cielos, y brisas que traen murmullos y cantos.
Contemplar el fuego y calentar nuestras manos y pies en él.
Caminar sin prisa, sin calles ni caminos, sin compañía, más que la de los árboles, los pájaros y el río.
Contemplar absorto el Sol y la Luna, surcando el Cielo y transformando la Tierra.
Contemplar el cielo nocturno, la inmensidad lejana de las estrellas y las nebulosas.
Escuchar los sonidos de la noche.
Dormir con el cansancio de la Tierra, de la caminata, del Sol, del Agua y de la Brisa.
Respirar el aire limpio y sentir el viento en el cuerpo.
Sumergir los pies en el agua cristalina y siempre cambiante del río de montaña.
Asistir a los pájaros en sus cantos incesantes, surcando el cielo en bandadas.
Sentarse sobre la tierra y apoyar la espalda exhausta en el tronco de un árbol.
Mirar hacia arriba y sólo ver hojas, ramas, cielos, y brisas que traen murmullos y cantos.
Contemplar el fuego y calentar nuestras manos y pies en él.
Caminar sin prisa, sin calles ni caminos, sin compañía, más que la de los árboles, los pájaros y el río.
Contemplar absorto el Sol y la Luna, surcando el Cielo y transformando la Tierra.
Contemplar el cielo nocturno, la inmensidad lejana de las estrellas y las nebulosas.
Escuchar los sonidos de la noche.
Dormir con el cansancio de la Tierra, de la caminata, del Sol, del Agua y de la Brisa.
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